jueves, 24 de marzo de 2011
Desde Bielorrusia sin amor
Titulares de compromiso y algún breve editorial: eso es todo lo que en el resto de Europa se ha podido leer o escuchar acerca del último fraude electoral en la Rusia Blanca. Cárcel, secuestros, torturas y un sinfín de atropellos contra las libertades y los derechos humanos se suman sin solución de continuidad a los 16 años de férreo control del poder en el centro geográfico del Viejo Continente. En Bielorrusia no floraron revoluciones naranjas, ni violetas, ni de terciopelo. El astuto Lukashenko juega sus bazas, oscilando entre el Occidente y Rusia en función de sus intereses. El último baluarte de los peores vicios del socialismo real en Europa amenaza con perpetuarse con congratulaciones desde la Tercera Roma, desde La Habana, y como no, de Hu Jintao, quien desde Pekín, que a la par que hace negocios en nuestro país, felicita al padrecito Alexandre, quien afortunadamente carece de nucleares amenazas a la manera de la Norma Desmond estalinista que China sostiene en el Mar Amarillo
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